El examen para acceder a una plaza EIR (Enfermero Interno Residente) celebrado hace unos días ha eclipsado la sanidad enfermera. Se considera el más difícil desde la creación de las especialidades, sin lograr un objetivo claro sobre su funcionalidad si sigue en esta línea. Las especialidades van logrando cada vez más atención por parte de las enfermeras, sin embargo, los representantes en los colegios que manejan los hilos, se van encargando de destrozar la profesión a pasos agigantados.
Con esta medida, el gobierno insular
pretende acogerse a la normalidad de las comunidades con lengua propia. Sin
embargo, no procede en forma ni tiempo dada la premura y la modificación de las
reglas del juego. Pero ahora, ¿quién ampara a las enfermeras que se
presentaron a la oposición? ¿Quién podrá avalar el título del idioma para que
se presente como mérito obligatorio? ¿Quién garantizará que el trabajo se
desarrolle como es debido y con garantías para el ciudadano? Con este cambio,
será más fácil que obtenga plaza alguien que nunca haya ejercido que otra
persona con mucha experiencia sin catalán.
Como es evidente, el Consejo
General de Enfermería ni está ni se le espera. Una vez más deja evidencia de la
inutilidad de la colegiación obligatoria que no presenta beneficio alguno para
el colegiado, mucho menos para el sistema sanitario. Así que, por lo pronto,
queda el recurso de la pataleta mientras que los sindicatos intentan mover
ficha para anular la norma sacada de la manga. Evidentemente, la exigencia de
la lengua autonómica no es algo novedoso, no es un invento de Baleares ni
tampoco es algo que sorprenda.
Para tratar de entenderlo, debemos
revisar otras autonomías y evaluar la medida. Es una forma de filtrar y garantizar
el empleo local. El caso es que Baleares no es precisamente un destino
favorecido geográficamente. Siempre han estado justo de personal, incluso, por
debajo del mínimo necesario y aceptable. Una situación que se verá agravada con
la medida actual. Siempre se ha hablado de Cataluña o Euskadi, aunque Galicia y
Comunidad Valenciana han recogido su idioma desde hace muchos años. Pero el
movimiento político hacía desviar la atención a los dos primeros, como si en
casa del herrero no hubiera cuchillo de palo.
Por lo que sea, alguien ha
decidido que en Baleares también se exija el idioma nativo. Incluso todos
podremos estar de acuerdo en que así sea, pero no de esta forma. Modificar la
convocatoria de la oposición implica una jugada por la que alguien obtendrá un
beneficio, es una traición al personal que se presenta. Igual sucede con la
moratoria de 2 años para presentar el nivel. ¿Acaso se aprende un idioma en
unos días como dicen los vídeos de los gurús de internet que venden cursos? La
realidad es que no.
Pendientes de ver qué sucede, por
lo pronto las enfermeras opositoras deberán continuar el proceso tal y como está,
aunque podrán y deberán recurrir. Incluso lo lógico sería denunciar la
situación. Lo lógico sería que la autonomía ofreciera la salida formativa a
quienes están en activo allí y no puedan acreditarlo. Algo que ya se ha
propuesto sin éxito en las demás. También es más fácil aprender el idioma una
vez que estás allí, por el día a día.
Para quien tenga que verse
desplazado a Baleares por el trabajo de su pareja, esto será un impedimento a
largo plazo. Y en España tenemos la costumbre de dificultar lo que debería ser
accesible y a un precio asumible. Para alguien que trabaje a turnos no resulta
sencillo estudiar inglés, que tampoco se valora mucho. Pero si tenemos que
aprender Catalán, Gallego o Euskera para un B2, quizás nos resulte más simple
echar la lotería en diciembre.
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